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Max
Nordau recoge la teoría decimonónica de la degeneración desarrollada por Morel y
Lombroso y la utiliza para dar cuenta de un nuevo tipo de carácter que denomina fin
de siglo.
Fragmento
del texto:
Los degenerados no son siempre criminales, prostituidos, anarquistas o locos
declarados; son muchas veces escritores y artistas. Pero estos últimos presentan los
mismos rasgos intelectuales y las más de las veces también somáticos que
los miembros de la misma familia antropológica que satisfacen sus instintos malsanos con
el puñal del asesino o la bomba del dinamitero, en vez de satisfacerlos con la pluma y el
pincel.
Algunos de
estos degenerados de la literatura, de la música y de la pintura han obtenido en estos
últimos años una boga extraordinaria y numerosos admiradores les exaltan como si fueran
los creadores de un arte nuevo, los heraldos de los siglos por venir.
No se trata
aquí de un fenómeno indiferente. Los libros y las obras de arte ejercen sobre las masas
una poderosa sugestión; en ellos es en donde una época determinada va a buscar su ideal
de moral y de belleza. Si son absurdos y antisociales, ejercen una influencia perturbadora
y corruptora sobre las miras de toda una generación; ésta, singularmente la juventud
impresionable y fácil de entusiasmarse por todo lo que es extraño y parece nuevo, debe
pues ser advertida e ilustrada acerca de la naturaleza real de las creaciones ciegamente
admiradas. No lo hace así la crítica ordinaria: una cultura exclusivamente
literario-estética es, a mayor abundamiento, la peor preparación que pueda imaginarse
para reconocer con precisión el carácter patológico de las obras de degenerados; el
retórico que hace frases expone con más o
menos atractivo, hinchazón o ingenio, las impresiones subjetivas que recibe de las obras
criticadas, pero es incapaz de juzgar si estas obras son los productos de un cerebro
enfermo, y de qué naturaleza es la perturbación de espíritu que en ellas se revela.
Ahora bien: me he propuesto examinar las tendencias a la moda en el arte y la
literatura, ateniéndome todo lo posible al método de usted, y probar que tienen su
fuente en la degeneración de sus autores y que los que las admiran se entusiasman con las
manifestaciones de la locura moral, de la imbecilidad y de la demencia más o menos
caracterizadas.
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