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En Los endemoniados en el arte
Charcot y Richer elaboran una historia de la histeria a través de las obras de arte.
Analizan cuadros de diferentes épocas con un nexo común, todos representan a
endemoniados; y todos ellos muestran unas mismas posturas, unos mismos gestos. Estas
posturas y gestos se repiten en los grabados del XVII y XVIII que representan escenas de
curaciones con crisis convulsivas auspiciadas por la intercesión de los santos. Las
mismas posturas y gestos se repiten en los enfermos que tratan los autores en el hospital
de la Salpêtrière, por lo que concluyen que ha de tratarse de una misma patología, la
histeria. Fragmento del texto:
Desde la primera línea de este trabajo hemos de advertir al lector de que no tiene que
asombrarse de una palabra que aparecerá a menudo ante sus ojos, pero con un significado
muy diferente del que ha prevalecido en el mundo antes de que la ciencia determinase la
serie de accidentes que caracteriza. Esta palabra debe entrar ya en el lenguaje corriente
sin crear las mismas susceptibilidades que en la época en que no se aplicaba más que a
los fenómenos que parecían implicar necesariamente una cierta excitación mórbida de
los sentidos. Además sólo nos proponemos mostrar que los accidentes exteriores de la
neurosis histérica se han reflejado en el Arte durante toda la época en que la histeria
no se consideraba una enfermedad sino una perversión del alma debida a la presencia del
demonio y a sus artimañas.
La gran
neurosis histérica, cuyo estudio razonado es relativamente reciente, no deja de ser
una afección muy antigua. No debería considerarse, tal como gustosamente se repite a
menudo, como la enfermedad específica de nuestro siglo.
En la mente de la inmensa mayoría, esta denominación, la histeria, comporta
la idea de una afección específica del sexo femenino. Hoy está demostrado que también
se encuentra en los hombres. Es, lo repetimos, una afección que no tiene nada en común
con otras desviaciones patológicas de los sentidos. Hay que liberar a estos enfermos de
la reputación infundada que se les ha impuesto durante tanto tiempo. Además, es
lamentable y fastidioso que la Ciencia siga empleando hoy en día una denominación cuyo
sentido exacto no tiene ninguna relación con su etimología.
Con estas precauciones contra las apariencias más que contra las realidades, resumimos el
espíritu general de nuestras investigaciones a través de los monumentos del pasado que
representan a los endemoniados.
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