En 1928 los surrealistas, como una más de las empresas animadas por el
espíritu de su ya cerrada Oficina central de investigaciones surrealistas,
se reúnen para discutir en torno a sus experiencias e ideas sobre la
sexualidad. No lo hacen por el simple deseo de escandalizar a la gente de
orden, sino que las investigaciones sobre su sexualidad son una de las vías
revolucionarias para conseguir la liberación del espíritu, como el empleo de
los automatismos, la confianza en os estadios oníricos, el estudio de lo
inconsciente o el abandono del azar absoluto, y la sexualidad en sí misma no
sería así nada más que uno de los gritos del espíritu decidido a demoler las
ataduras que lo constriñen.
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